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El legendario Ángel Arocha se encargó de romper la igualdad. Los anfitriones optaron por copiar las dimensiones del Metropolitano de Madrid, esto es, 105 metros de largo y 67,5 de ancho. La superficie de juego era aún de tierra. Las Fiestas de Mayo del 49 fueron el marco idóneo para la inauguración de las primeras reformas significativas que se realizaron en el Stadium, que poco después pasaría a denominarse Heliodoro Rodríguez López, en honor al que fuera presidente blanquiazul y principal artífice de estas obras. Durante su mandato como presidente del CD Tenerife, entre el 46 y el 50, Rodríguez López renovó por completo el estadio a partir de un proyecto de gran envergadura que encargó al prestigioso arquitecto Marrero Regalado y cuyas directrices económicas trazó él personalmente tras conseguir el apoyo de la Caja de Ahorros. El 31 de agosto de 1952, el Heliodoro Rodríguez López, que hasta entonces era de tierra y ejercía incluso de canódromo, estrenó césped en un amistoso contra el Atlético de Madrid. El cuadro colchonero se desplazó a la Isla con todas sus estrellas de la época, esto es, Ben Barek, Carlsson y los canarios Alfonso Silva, Mújica y Hernández Lobito negro. Mientras, por parte tinerfeña jugaron, entre otros, Villar, Cuco, Tomás, Servando y Agustín. El partido finalizó con empate a uno. El primer partido nocturno celebrado en el recinto capitalino se disputó el 2 de julio de 1954. El CD Tenerife se enfrentó a una selección regional y ganó por 7-2, con tantos de Villar, Tomás, Roberto, Padrón, Julio (2) y Juanito. La instalación corrió a cargo del ingeniero Carlos Díaz. A partir de ahí, el alumbrado sufrió sucesivas mejoras. El Heliodoro se convirtió sin duda en el principal patrimonio del representativo. Y de ahí que antaño, en tiempos de crisis, fuera vendido al Cabildo para saldar las deudas contraídas. En su día, Heliodoro Rodríguez López había gestionado la recuperación de la propiedad y así lo consiguió en julio de 1940, pero tres décadas más tarde el recinto tuvo que venderse definitivamente a la institución insular, que continúa siendo su actual dueño. Ocurrió en febrero de 1970. En la remodelación llevada a partir de finales de los 80, a cargo del arquitecto Carlos Schwartz, se salvaron algunos testigos de la obra de Marrero Regalado. Se conserva la antigua puerta de entrada al Estadio, en las confluencias de las calles San Sebastián y Rodríguez López, en el fondo oeste. Asimismo, en la entrada principal de San Sebastián se conservan parte de la estructural original. |
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